Memorias
—Qué increíble, viejo, hoy cumplimos cincuenta años de casados.
—Cincuenta y uno. Cincuenta fue el año pasado.
—Siempre corrigiéndome vos. Sos único. Tantos viajes que hicimos juntos, pero ninguno como el de luna de miel a Cuba.
—La luna de miel fue en Cancún.
—Bueno, es lo mismo ¡Fue hace tanto! ¿No te parece mentira que llevemos cincuenta años juntos?
—Es mentira. Llevamos cincuenta y uno.
—Me haces reír viejo. Vos no cambias más ¿Te acordás que nos conocimos el año en que ganamos el mundial? Festejamos juntos cuando Messi levantó la copa.
—Fue Maradona.
—Bueno, eso sí que no te lo discuto. Vos sos más futbolero. ¿Y cuando llegó nuestra primera hija? No me lo olvido más.
—Tuvimos dos varones.
—Ah cierto. La niña es nuestra nieta. Ahí tenés razón. Pero hay un recuerdo que no me lo vas a discutir porque lo tengo presente como si fuera hoy. La noche de lluvia en que nos conocimos me regalaste rosas. Y no me vengas a decir que eran jazmines.
—Lo de las rosas sí, vieja. Pero aquella noche no llovió. Estaba despejado y había una brisa suave que hacía que tus rulos brillaran a la luz de la luna.

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