Cuando escribo

 


Cuando escribo, vivo; me equivoco y sigo.
No hay descanso ni festivo,
me parece sugestivo y hasta conspirativo
este apasionamiento repentino.

Lo hago sin factura,
de modo clandestino;
me obsesiono,
como que me obstino.

Me canso la espalda y el dedo me lastimo,
pero no le escatimo.
Voy para adelante como el Tata Martino,
soy grande como un ruso y chico como un filipino,
porque ahora sí me animo y soy quien escribe mi destino.


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